Madeira en 4 días: ruta completa por miradores, pueblos y paisajes inolvidables
Madeira es una isla que sorprende desde el primer momento. Conocida como la “isla de la eterna primavera”, combina montañas volcánicas, acantilados infinitos, bosques únicos y pequeños pueblos donde el tiempo parece avanzar más despacio. En apenas unos kilómetros pasas de miradores sobre el océano a bosques envueltos en niebla, piscinas naturales y carreteras panorámicas que convierten cada trayecto en parte del viaje.
Durante esta ruta de 4 días por Madeira recorrimos la isla prácticamente al completo, descubriendo sus paisajes más famosos y también rincones menos conocidos que terminaron siendo algunas de las mayores sorpresas del viaje. Una experiencia perfecta para quienes buscan naturaleza, tranquilidad y conducción escénica constante.
Alojamiento
Durante nuestro viaje nos alojamos en Ponta Delgada, en concreto en Alcantara Bell, en la costa norte de Madeira. Elegir esta zona fue todo un acierto, ya que permite disfrutar de un ambiente mucho más tranquilo que Funchal y situarse relativamente cerca de muchos puntos naturales de la isla.
El norte ofrece paisajes más salvajes, carreteras panorámicas espectaculares y una sensación de autenticidad que encaja perfectamente con el espíritu natural de Madeira. Además, dormir escuchando el océano fue uno de los grandes recuerdos del viaje.
Alquilar coche en Madeira, imprescindible para descubrir la isla
Recorrer Madeira en coche fue, sin ninguna duda, una de las mejores decisiones del viaje. La isla está llena de miradores, carreteras panorámicas y pequeños pueblos a los que resulta complicado llegar únicamente en transporte público. Tener coche propio permite parar cuando quieras, improvisar rutas y disfrutar del trayecto tanto como del destino.
Además, conducir en Madeira forma parte de la experiencia. Las carreteras atraviesan montañas, túneles y acantilados con vistas constantes al océano, convirtiendo cada desplazamiento en un auténtico espectáculo. Aunque algunas pendientes son pronunciadas, las vías están en muy buen estado y conducir resulta más sencillo de lo que parece al principio.
Si quieres aprovechar realmente el viaje y descubrir rincones menos turísticos, recomendamos alquilar coche desde el primer día. Es la mejor forma de vivir Madeira con libertad total y adaptar la ruta a tu propio ritmo.
Día 1 — Funchal, miradores y costa sur de Madeira
Cristo Rei do Garajau
El Cristo Rei do Garajau fue una parada perfecta para comenzar el recorrido por Madeira. Situado sobre un impresionante acantilado, ofrece una de las primeras panorámicas abiertas del Atlántico y de la costa sur de la isla. La estatua, orientada hacia el mar, recuerda al famoso Cristo de Río de Janeiro y crea un escenario espectacular para empezar a entender la geografía volcánica de Madeira.
Forte de São Tiago
El forte de São Tiago, con su característico color amarillo, destaca dentro del casco antiguo de Funchal. Esta antigua fortaleza defensiva aporta un toque histórico al paseo marítimo y marca la entrada a una de las zonas más animadas de la ciudad. Es un lugar perfecto para comenzar a recorrer la capital con calma.
Rua de Santa María
La rua de Santa María es una de las calles más famosas de Funchal gracias a sus puertas pintadas y su ambiente artístico. Restaurantes, galerías y pequeños comercios llenan esta calle de vida, convirtiéndola en uno de los rincones más agradables para pasear sin prisas.
Zona histórica de Funchal
El casco histórico conserva la esencia más tradicional de la ciudad. Calles empedradas, fachadas coloridas y plazas pequeñas crean un ambiente acogedor que invita a descubrir la ciudad caminando. Es una zona ideal para detenerse, observar el ritmo local y disfrutar del ambiente relajado de Madeira.
Mercado dos Lavradores
El mercado dos Lavradores es uno de los lugares más auténticos de Funchal. En su interior se mezclan puestos de frutas tropicales, flores, pescado fresco y productos locales. Aunque es un espacio muy visitado, permite conocer de cerca la gastronomía y tradiciones de la isla.
Sé Catedral do Funchal
La catedral de Funchal destaca por su arquitectura sobria y su importancia histórica dentro del archipiélago. Construida en el siglo XV, combina elementos góticos y mudéjares, siendo uno de los edificios religiosos más antiguos y representativos de Madeira.
Palacio de São Lourenço
El palacio de São Lourenço es uno de los edificios civiles más antiguos de la isla y antiguo fuerte defensivo. Su arquitectura refleja la evolución histórica de Madeira desde su etapa militar hasta su función administrativa actual. Se encuentra en una zona céntrica perfecta para continuar el paseo por Funchal.
Parque de Santa Catarina
El parque de Santa Catarina ofrece un respiro verde dentro de la ciudad. Desde sus jardines se obtienen bonitas vistas sobre el puerto y la bahía de Funchal. Es un buen lugar para descansar unos minutos antes de continuar explorando la zona costera.
Avenida do Mar
La avenida do Mar conecta varios puntos importantes del frente marítimo de Funchal. Pasear por aquí permite disfrutar del ambiente portuario, observar los barcos y sentir la cercanía constante del océano que define la vida en la isla.
Marina do Funchal
La marina de Funchal es uno de los espacios más agradables para terminar la visita por la ciudad. Rodeada de restaurantes y terrazas, ofrece un ambiente relajado con vistas al mar y a las montañas que rodean la capital.
Câmara de Lobos
Câmara de Lobos es uno de los pueblos más pintorescos de Madeira. Su pequeño puerto lleno de barcas de colores y casas tradicionales refleja la esencia marinera de la isla. Fue además uno de los lugares favoritos de Winston Churchill durante su estancia en Madeira.
Mirador de Winston Churchill
Este mirador ofrece una vista privilegiada sobre Câmara de Lobos y su bahía. Desde aquí se entiende perfectamente por qué Churchill eligió este lugar para pintar sus paisajes. Las vistas combinan mar, montañas y pueblo en una imagen muy representativa de Madeira.
Bahía de Câmara de Lobos
Pasear por la bahía permite disfrutar del ambiente local y observar la vida cotidiana de los pescadores. Es un lugar tranquilo, ideal para caminar junto al puerto y disfrutar del paisaje sin prisas.
Miradouro do Cabo Girão
El mirador de Cabo Girão es uno de los puntos más impresionantes de Madeira. Situado sobre uno de los acantilados más altos de Europa, su plataforma de cristal ofrece una vista vertiginosa sobre el océano y las terrazas agrícolas situadas cientos de metros más abajo. Una parada imprescindible.
Ribeira Brava
Ribeira Brava es una pequeña localidad costera situada entre montañas y el océano Atlántico, perfecta para hacer una parada durante la ruta por el sur de Madeira. Su paseo marítimo, la plaza principal y el ambiente tranquilo permiten conocer un lado más cotidiano de la isla, lejos de las zonas más turísticas. Es un buen lugar para caminar unos minutos, descansar y disfrutar del paisaje antes de continuar el recorrido.
Día 2 — Acantilados salvajes, piscinas naturales y la costa más espectacular de Madeira
Mirador de Fajã da Ovelha
El mirador de Fajã da Ovelha ofrece una de las primeras grandes panorámicas del oeste de Madeira. Desde aquí se aprecia perfectamente cómo las montañas caen de forma abrupta hacia el océano, creando paisajes salvajes y poco urbanizados. Es una parada tranquila, ideal para comenzar el día disfrutando del silencio y la inmensidad del Atlántico.
Miradouro do Fio
El miradouro do Fio es uno de esos lugares menos conocidos que sorprenden por sus vistas abiertas sobre los acantilados del oeste de la isla. La sensación de aislamiento y naturaleza pura hace que el paisaje resulte especialmente auténtico. Perfecto para detenerse unos minutos y simplemente contemplar el entorno.
Farol da Ponta do Pargo
El faro de Ponta do Pargo marca uno de los extremos occidentales de Madeira. Situado sobre un acantilado impresionante, ofrece vistas infinitas del océano y transmite una sensación única de estar en el “fin de la isla”. El entorno es amplio y tranquilo, ideal para pasear y disfrutar del paisaje sin prisas.
Miradouro da Garganta Funda
El mirador de Garganta Funda es uno de los rincones naturales más sorprendentes de Madeira. Desde aquí se observa una cascada que cae directamente hacia el océano entre acantilados verdes. Dependiendo de la época del año puede llevar más o menos agua, pero el paisaje siempre resulta espectacular.
Porto Moniz
Porto Moniz es uno de los lugares más famosos de Madeira gracias a sus piscinas naturales volcánicas. Pasear por la zona permite disfrutar del contraste entre la lava negra, el azul intenso del océano y las montañas que rodean el pueblo. Es un buen lugar para parar con calma, comer algo y disfrutar del ambiente costero.
Miradouro dos Ilhéus da Ribeira da Janela
Este mirador ofrece una vista icónica de los islotes rocosos que emergen frente a la costa norte. Las formaciones volcánicas crean una imagen muy característica de Madeira, especialmente cuando el mar está agitado. Es una parada breve pero muy fotogénica.
Miradouro da Eira da Achada
El mirador da Eira da Achada permite contemplar la costa norte desde una perspectiva elevada. Desde aquí se observan pueblos pequeños, terrazas agrícolas y el océano extendiéndose hasta el horizonte. Es uno de esos lugares que transmiten la verdadera esencia rural de Madeira.
Seixal
Seixal es uno de los pueblos más bonitos del norte de la isla. Su entorno natural combina montañas verdes, cascadas y una costa volcánica espectacular. Pasear por la zona permite disfrutar de un ambiente tranquilo y auténtico, muy diferente al sur más urbano de Madeira.
Miradouro do Véu da Noiva
El mirador del Véu da Noiva ofrece una de las imágenes más famosas de Madeira: una cascada que cae directamente hacia el mar desde un acantilado cubierto de vegetación. El paisaje parece sacado de una postal y representa perfectamente la naturaleza salvaje que define la isla.
Día 3 — Montañas, bosques mágicos y el corazón natural de Madeira
Santana
Santana es conocida por sus tradicionales casas triangulares de colores, uno de los símbolos más reconocibles de Madeira. Estas construcciones típicas reflejan la arquitectura rural histórica de la isla y permiten entender cómo era la vida tradicional en esta zona montañosa. El entorno verde que rodea el pueblo hace que la visita resulte especialmente agradable y fotogénica.
Pico do Arieiro
El pico do Arieiro es uno de los puntos más impresionantes de Madeira y una parada imprescindible. Situado a gran altitud, ofrece un paisaje completamente diferente al resto de la isla, con montañas escarpadas y nubes que se mueven constantemente entre los picos. Las vistas desde aquí son espectaculares y transmiten la sensación de estar por encima del océano.
Miradouro da Eira do Serrado
El mirador da Eira do Serrado permite contemplar desde las alturas el valle de Curral das Freiras, rodeado por enormes montañas volcánicas. La panorámica es una de las más impactantes del interior de Madeira y muestra perfectamente la fuerza geológica que ha dado forma a la isla.
Miradouro da Bica da Cana
El mirador da Bica da Cana es uno de los lugares más especiales para disfrutar del paisaje montañoso de Madeira. En días despejados se pueden observar largas cadenas montañosas cubiertas de vegetación y, en ocasiones, un mar de nubes que crea una atmósfera única. Es un lugar tranquilo, menos concurrido y perfecto para conectar con la naturaleza.
Fanal Forest
El bosque de Fanal es uno de los rincones más mágicos de Madeira. Sus árboles centenarios cubiertos de musgo y la frecuente niebla crean un paisaje casi irreal, muy diferente a cualquier otro punto de la isla. Pasear por esta zona transmite una sensación de calma absoluta y convierte la visita en una experiencia única.
Ponta Delgada
Regresar a Ponta Delgada tras un día recorriendo el interior montañoso permite disfrutar de la tranquilidad del norte de Madeira. Este pequeño pueblo costero ofrece un ambiente relajado, ideal para descansar después de una jornada intensa explorando algunos de los paisajes más espectaculares de la isla.
Día 4 — Costa salvaje, paisajes volcánicos y despedida de Madeira
Porto da Cruz
Porto da Cruz es un pequeño pueblo costero con mucho encanto situado en la zona noreste de Madeira. Destaca por su ambiente tranquilo, su paseo marítimo y las vistas hacia el imponente Penha d’Águia, una enorme formación rocosa que domina el paisaje. Es un lugar perfecto para pasear sin prisas y disfrutar del lado más auténtico de la isla.
Miradouro da Portela
El mirador da Portela ofrece una de las panorámicas más bonitas del norte de Madeira, con vistas abiertas hacia Porto da Cruz y el océano Atlántico. Desde aquí se aprecia perfectamente el contraste entre las montañas verdes y la costa abrupta de la isla. Una parada corta pero muy recomendable durante la ruta.
Ponta de São Lourenço
La punta de São Lourenço muestra una Madeira completamente diferente. Este paisaje volcánico, árido y salvaje rompe con la imagen verde habitual de la isla. Sus senderos recorren acantilados y formaciones rocosas con vistas constantes al océano, creando uno de los escenarios naturales más espectaculares del viaje.
Miradouro da Ponta do Rosto
El mirador da Ponta do Rosto es uno de los mejores puntos para contemplar la costa este de Madeira. Desde aquí se observan los acantilados escarpados y el océano abierto golpeando con fuerza la isla. Las vistas transmiten una sensación de inmensidad difícil de describir.
Machico
Machico es una ciudad histórica considerada el lugar donde desembarcaron los primeros exploradores portugueses en Madeira. Su bahía protegida y su ambiente relajado la convierten en un lugar ideal para hacer una pausa, pasear junto al mar o disfrutar de una comida tranquila antes de finalizar la ruta.
Funchal de despedida
Volver a Funchal para despedirse de Madeira es la mejor forma de cerrar el viaje. Pasear nuevamente por sus calles, disfrutar del ambiente del puerto o simplemente sentarse frente al océano permite asimilar todo lo vivido durante estos días. Una despedida tranquila para una isla que deja huella.






